La energía utilizada por las primeras células posiblemente provino de una variedad de fuentes existentes en la Tierra primitiva y en su atmósfera: calor, radiaciones ultravioletas y perturbaciones eléctricas.
Cuando aparecieron las primeras células procariotas primitivas, o estructuras semejantes a células, requirieron un aporte continuo de energía para mantenerse, crecer y reproducirse.
Los primeros seres vivos fueron células procariotas, seres unicelulares sencillos que poco a poco, a lo largo de la evolución fueron diversificándose y dando seres más complejos y pluricelulares.
Es seguro que sin la evolución de los autótrofos procariotas la vida en la Tierra pronto habría llegado a su fin.

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